domingo, 11 de octubre de 2009

Mi aventura de ser docente


Soy Químico Agrícola de profesión y durante mis años de experiencia profesional tuve que incursionar en la enseñanza ya que debía capacitar personas en el manejo de plaguicidas , operación de huertas, etc. Desde entonces me quedó claro que trasmitir una información requiere de entablar una buena comunicación ya que de lo contrario no se obtienen los resultados esperados.
Con el paso de los años busqué otra actividad laboral y es así que llegué a desempeñarme como docente en el nivel medio superior en 1987.En mis inicios creía que la sola experiencia adquirida era suficiente para cumplir con esta responsabilidad. Sin embargo, no era lo mismo comunicarse con 2 o 3 personas que con grupos de 30 o 40 alumnos. No bastaba el conocimiento. Hacía falta algo.
Con el tiempo se da uno cuenta que transmitir ese conocimiento de forma dosificada y ordenada requería de una buena relación maestro-alumno, de una idea clara de los objetivos que se pretenden alcanzar y de cómo conseguirlos, pero sobre todo, de conocimiento pedagógico que pudiera amalgamar lo anterior y lo convirtiera un puente de interacción entre el emisor y el receptor. Además de esto, había que ser amigo, psicólogo, confidente, doctor, guía, etc. En una palabra, maestro.
Esta relación con los alumnos (no con todos, por supuesto) brinda muchas satisfacciones: dar un consejo a tiempo; una llamada de atención oportuna; un préstamo que nunca regresará; acompañarlos en sus penas y compartir sus alegrías, etc., nos hace ser parte de ellos como ellos de nosotros. Esta relación es bien diferente a otras relaciones como las de médico-paciente, abogado-cliente, sacerdote-feligrés, etc. por la sencilla razón de que el tiempo de convivencia entre éstos no se compara al que se comparte entre maestro-alumno y tampoco hay un verdadero acercamiento entre personas. El maestro, el buen maestro, deja marcas en el alma, huellas en el corazón y recuerdos en la mente. Si esto no fuera suficiente deja también conocimiento.
Sin embargo, así como hay satisfacciones, también se pueden presentar las insatisfacciones. Algunas de ellas son de total responsabilidad del maestro por su falta de compromiso ante el grupo, con la asignatura que imparte o con su trabajo mismo, lo cual lo deja en condición de simple profesor que avienta al aire conceptos y definiciones sin tener real conocimiento o convencimiento de lo que hace y que le genera cierto grado de frustración temporal. Considero que muchos de los maestros en algún momento de nuestro actuar hemos caído en situaciones así porque también somos humanos, tenemos problemas y no somos ajenos al mundo que nos rodea.
Otras insatisfacciones son debidas a que aun cuando el maestro tenga la experiencia, disponibilidad e interés de generar cambios, todo esto choca y se hace pedazos cuando se atraviesa con una mala administración, con pésimos dirigentes, con confusos programas oficiales, con reformas educativas que cambian semestre a semestre y confunden, con contrarreformas, con la apatía de los alumnos, etc. . En estos casos queda ese sabor amargo que enfría los ánimos, frena los ímpetus, acerca al conformismo y provoca desidia. Cada cabeza es un mundo y los maestros también pensamos todos diferente. En mi caso particular también he tenido muchas de estas reacciones aunque las he superado porque considero que no debo cargar con las ineficiencias de otros y que mi relación con los compañeros de trabajo o sobre todo con los alumnos se vea afectada por ello. De las insatisfacciones mías yo me hago responsable.
Saludos.
Héctor Hugo

Mi confrontación con la docencia

Mi confrontación con la docencia.

¿Cómo percibo mi docencia?

Después de 22 años de labor docente, al hacer una retrospectiva de esta actividad en el aula, observo que con el paso de los años ésta ha ido cambiando. Dicho de otra manera, ha habido una evolución (por lo general para bien) que aunada a la experiencia propia, han determinado la forma de impartir las clases, los mecanismos de evaluación, las formas de organizar las actividades, etc., adquiriendo sobre la marcha conocimientos pedagógicos y determinando el docente que ahora soy.
Cada día, al pararme frente al grupo, siento que tengo una responsabilidad para con ellos y que debo estar listo a satisfacer sus necesidades, inquietudes, dudas y temores. Brindar información de calidad y compartir con ellos su emoción al descubrirles su potencial, sus habilidades y, por que no, identificando sus carencias y limitaciones académicas como punto de partida para irlas subsanando.
El fin de todo buen maestro es que sus alumnos sean mejores que él. Tal vez no sea posible ver la obra terminada pero debemos estar seguros que en algo contribuimos para ello día con día.
Aunque no soy Profesor de carrera, al igual que muchos otros, me inicié con más ganas que conocimiento de la actividad docente. Sin embargo, al tratar con los jóvenes se da uno cuenta que se esta trabajando con sus deseos, anhelos, limitaciones, carencias, emociones, frustraciones, capacidades, etc. , despertándose un genuino interés en sus personas y un verdadero deseo de ayudarlos al brindarles el mejor de nuestro esfuerzo a través de una mejor preparación académica y pedagógica.
Cómo resultado de esto, veo que con el paso de los años logro comunicarme mejor con los muchachos y acercarme mas a los resultados esperados. Al final de cada jornada de trabajo, al hacer un balance de lo bueno y lo malo del día, si son más las satisfacciones que las frustraciones, entonces podrá uno decir: misión cumplida. Si no es así, entonces habrá que rectificar.
Saludos.
Héctor Hugo

Los saberes de mis estudiantes

Para llevar a cabo la actividad de la semana 2, primeramente se diseñó un cuestionario que permitiera recabar la información. Del resultado obtenido se procedió a su análisis y con la información se elaboró el presente diagnóstico:
a) Lo que nuestros estudiantes saben hacer en internet:

1.- El 40% de la población escolar del grupo encuestado (2°E de informática) vive en las comunidades aledañas al plantel, en dónde el nivel socioeconómico es de medio a bajo (Maltrata, Acultzingo, Huiloapan).
El resto reside en las ciudades próximas tales como Orizaba, Nogales, Cd. Mendoza, Ixtaczoquitlán y el propio Río Blanco, donde las condiciones socioeconómicas y de servicios son un tanto mejores.

2.- Sólo el 25% de los encuestados poseen su propia computadora. Los demás la consiguen prestada o en muchos casos no la usan porque no cuentan con recursos suficientes para estar alquilando continuamente.

3.- En cuanto al tiempo que dedican al uso diario de la computadora, se obtuvieron los siguientes datos:
Nunca (0%), 1 a 2 hrs (55%), 3 a 4 hrs (25%), 4 a 5 hrs. (15%), mas de 5 hrs. (5%)

4.- En términos generales todos ya saben usar la computadora, y mas aún si llevan la especialidad de Informática, pero hay una gran diversidad en cuanto al uso que le dan, por lo que podría concluirse lo siguiente:

Lo que más saben hacer:
Chatear (90%) , bajar música/videos (75%) , trabajos con office (100%) , jugar (40%), Escuchar/copiar CD´s (100%)

Lo que menos saben hacer:
Comprar en línea (10%), realizar pagos en línea (0%), hacer paginas web (5%)

b) ¿Qué podemos hacer para aprovechar esos saberes en el aula?

Debido a que cada quien desarrolla habilidades particulares en el uso de la computadora y manejo de Internet según sus gustos y necesidades, se podría promover el intercambio de experiencias a través de mesas redondas en el aula y/o talleres para conocer los detalles operativos que alguno de nuestros compañeros nos puede enseñar y a su vez corresponderles con una acción igual de manera que al final todos hayamos compartido nuestro conocimiento y todos obtengamos experiencia.

c) ¿Quién va a enseñar a quién y qué le enseñara?

Debido al avance vertiginoso en la tecnología informática y de la sociedad de conocimiento moderna, ahora todos aprendemos de todos. Cada quien desarrolla habilidades particulares basadas en sus propias necesidades y gustos, pero forzosamente estamos inmersos en un mundo de información difícil de asimilar, de tecnología cambiante y de necesidad de mantenerse actualizado o, al menos, no tan rezagado.


Héctor Hugo Moreno Rosales